quarta-feira, 14 de abril de 2010

Espelho da alma...

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5 comentários:

  1. E o olhar diz tanto...

    Beijinho, querida Margusta.

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  2. Minha querida
    Simples palavras que dizem muito.

    beijinhos
    Sonhadora

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  3. ODA A CÉSAR VALLEJO

    A la piedra en tu rostro,
    Vallejo,
    a las arrugas
    de las áridas sierras
    yo recuerdo en mi canto,
    tu frente
    gigantesca
    sobre tu cuerpo frágil,
    el crepúsculo negro
    en tus ojos
    recién desencerrados,
    días aquéllos,
    bruscos,
    desiguales,
    cada hora tenía
    ácidos diferentes
    o ternuras
    remotas,
    las llaves
    de la vida
    temblaban
    en la luz polvorienta
    de la calle,
    tú volvías
    de un viaje
    lento, bajo la tierra,
    y en la altura
    de las cicatrizadas cordilleras
    yo golpeaba la puertas,
    que se abrieran
    los muros,
    que se desenrollaran
    los caminos,
    recién llegado de Valparaíso
    me embarcaba en Marsella,
    la tierra
    se cortaba
    como un limón fragante
    en frescos hemisferios amarillos,
    te quedabas

    allí, sujeto
    a nada,
    con tu vida
    y tu muerte,
    con tu arena
    cayendo,
    midiéndote
    y vaciándote,
    en el aire,
    en el humo,
    en las callejas rotas
    del invierno.

    Era en París, vivías
    en los descalabrados
    hoteles de los pobres.
    España
    se desangraba.
    Acudíamos.
    Y luego
    te quedaste
    otra vez en el humo
    y así cuando
    ya no fuiste, de pronto,
    no fue la tierra
    de las cicatrices,
    no fue
    la piedra andina
    la que tuvo tus huesos,
    sino el humo,
    la escarcha
    de París en invierno.

    Dos veces desterrado,
    hermano mío,
    de la tierra y el aire,
    de la vida y la muerte,
    desterrado
    del Perú, de tus ríos,
    ausente
    de tu arcilla.
    No me faltaste en vida,
    sino en muerte.
    Te busco
    gota a gota,
    polvo a polvo,
    en tu tierra,
    amarillo
    es tu rostro,
    escarpado
    es tu rostro,
    estás lleno
    de viejas pedrerías,
    de vasijas
    quebradas,
    subo
    las antiguas
    escalinatas,
    tal vez
    estés perdido,
    enredado
    entre los hilos de oro,
    cubierto
    de turquesas,
    silencioso,
    o tal vez
    en tu pueblo,
    en tu raza,
    grano
    de maíz extendido,
    semilla
    de bandera.
    Tal vez, tal vez ahora
    transmigres
    y regreses,
    vienes
    al fin
    de viaje,
    de manera
    que un día
    te verás en el centro
    de tu patria,
    insurrecto,
    viviente,
    cristal de tu cristal, fuego en tu fuego,
    rayo de piedra púrpura.

    Pablo Neruda

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  4. OS OMBROS SUPORTAM O MUNDO

    Carlos Drummont de Andrade

    Chega um tempo em que não se diz mais: meu
    Deus.
    Tempo de absoluta depuração.
    Tempo em que não se diz mais: meu amor.
    Porque o amor resultou inútil.
    E os olhos não choram.
    E as mãos tecem apenas o rude trabalho.
    E o coração está seco.

    Em vão mulheres batem à porta, não abrirás.
    Ficaste sozinho, a luz apagou-se,
    mas na sombra teus olhos resplandecem enormes.
    És todo certeza, já não sabes sofrer.
    E nada esperas de teus amigos.

    Pouco importa venha a velhice, que é a velhice?
    Teus ombros suportam o mundo
    e ele não pesa mais que a mão de uma criança.
    As guerras, as fomes, as discussões dentro dos
    edifícios
    provam apenas que a vida prossegue
    e nem todos se libertaram ainda.
    Alguns, achando bárbaro o espetáculo
    prefeririam (os delicados) morrer.
    Chegou um tempo em que não adianta morrer.
    Chegou um tempo em que a vida é uma ordem.
    A vida apenas, sem mistificação.

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